Liderazgo en concordia

Sumar la diversidad de capacidades y talentos que interaccionan en el conjunto de un equipo humano, sea cual sea su razón de ser, conduce al éxito del proyecto en común al mismo tiempo que potencia y expande el rendimiento y la creatividad de cada uno de sus individuos en particular.

Transitando por la apasionante vía del autoconocimiento, el hombre va adquiriendo conciencia de sus dones, aquellos que vienen implícitos, en forma potencial, en el bagaje de su existencia. Desarrollarlos le permitirá liderar su propio destino y ponerlo al servicio de la humanidad. Pero, ¿quiénes es el hombre en realidad? Y, ¿quién soy yo en particular? Esta es la pregunta-llave que abre la puerta que comunica con la libertad de ser, la libertad para decidir y actuar de forma coherente para ir en busca de nuestros sueños más íntimos, libres de los condicionamientos aprendidos que, desde la ignorancia, hemos aceptado como propios.

Si por un momento pudiéramos recuperar la capacidad de observar y aprender de lo observado, aceptaríamos, sin tensión alguna, que no todos somos iguales y aprenderíamos mucho acerca del extraordinario valor de diversidad. ¿Alguna vez nos preguntamos el porqué de la diferencia? Puede que algunos sí lo hagan, aunque lo más probable es que sea para comparar y juzgar según el modelo de belleza o de poder del momento.

La tradición occidental ha venido transmitiendo, de generación en generación desde el principio de los tiempos, el conocimiento de las características y el comportamiento de cuatro grandes tipologías que conviven en el seno de la humanidad. Una tipología reúne en sí misma una determinada complexión física asociada a una tendencia temperamental y a una conciencia de ser conteniendo aquellas habilidades y talentos que la van a ir impulsando hacia su plena realización.

Todo en la naturaleza está creado para alcanzar la máxima expresión de su potencial en beneficio de la totalidad. Cada forma de vida tiene algo genuino y perfecto que ofrecer al resto, y los intercambios se realizan, de forma espontánea, en perfecta reciprocidad. Aunque este no es el caso del hombre, que goza de libre albedrío para desoír las voces de su naturaleza interior. Sin embargo, aspirar al liderazgo es algo que surge de forma natural en cada ser humano, y no significa más que aspirar a alcanzar la maestría en las habilidades y talentos que le son propios, de esto trata la genialidad y esto, en definitiva, es lo que le permitiría vivir de forma coherente consigo mismo y en concordia con el entorno. Nada que ver con el liderazgo aprendido o copiado a partir de un modelo aceptado y consensuado por el conjunto de la sociedad, siempre carente de brillo, genialidad y, por supuesto de concordia.

Aprendemos desde muy pequeños a renunciar al brillo de nuestra propia esencia en beneficio del deseo del otro. Sería un salto evolutivo para la humanidad recuperar el valor de ser queridos por lo que somos y no por lo que hacemos.

Todos queremos triunfar, pero ¿qué entendemos por la palabra triunfo? ¿dotes de mando?, ¿capacidad para cohesionar un equipo o un proyecto?, ¿enriquecerse?, ¿adquirir reconocimiento o poder? Triunfar tiene que ver con vivir la libertad de ser y no la libertad de hacer. La primera lleva implícita la segunda, pero no al revés.

Renunciar al conocimiento de nuestro bagaje esencial es renunciar a la alegría, a la energía y la vitalidad, a la certeza y determinación en las acciones y decisiones, al éxito y la creatividad y muchas cosas más, para pasar a engrosar, lenta y progresivamente, las filas de los afectados de “baja autoestima”. La verdadera autoestima no debe ser conquistada, se vive siendo lo que uno es.

Si cada individualidad accede al conocimiento, la comprensión y la aceptación de sus genuinas habilidades y talentos, podremos conocer el valor de un trabajo en equipo desde el respeto, la creatividad y la concordia. Poder expresar nuestros dones y ponerlos al servicio del bien común, implica sumar en vez de restar, unir y no separar, colaborar y no competir; en definitiva, implica recuperar el valor de la diversidad en el seno de la humanidad.

Preguntémonos para terminar ¿qué sería de una empresa donde todos sus miembros fueran en esencia líderes, ideólogos, o comerciales, o quizás administrativos?

Dejemos que la respuesta surja libre, desde la observación de lo que es y no de lo que hasta el momento nos han dicho que es.

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